Mi deuda con la abuela...
Existen personas que piensas estarán ahí para siempre, porque de algún modo se las arreglaron para siempre estar, hasta que un día ya no...
Antes del 2010, año en el que murió mi abuela paterna, las ofrendas tenían lugar en casa, pero no un sentido muy arraigado, los familiares más cercanos eran dos tías que fallecieron antes de que yo naciera, la tradición me gusta desde siempre; sin embargo, no lograba sentirla. Por lo menos no hasta que alguien con quien sí conviví dejó de estar.Todo cobró un sentido más fuerte en 2015, un año difícil en el que mis abuelos maternos dejaron este mundo. El abuelo murió en marzo, ella en julio. Justo al mes de la partida de Don Víctor escribí un texto a manera de homenaje, no así con Doña Amparo, ahora aquí vengo a saldar mi deuda con la abuela.
Aunque no en las mejores condiciones la vida me dio la oportunidad de atenderla y platicar como nunca antes con la mujer que me cuidó cuando mis padres salían a trabajar. No importaba que fueran historias repetidas, escuchaba con atención y preguntaba distintos detalles en cada ocasión, eran las últimas que escucharía, pues ya era hora de reunirse con su viejito lindo...
Te escribe uno de tus "monitos de lodo" (así nos decía), el que sujetabas con fuerza para que no me fueran a robar o para que no me echara a correr, el que con la misma fuerza le lavabas las manos para que no enfermara, el que defendiste del bullying cuando ni siquiera le llamaban así, el que alimentabas cada tarde, pero que cuando mamá llegaba decía que no le habías dado nada, nada y todos reían con mi infantil cinismo.
Te escribe el que extraña tu llamada en cada cumpleaños, el que extraña las peleas sin sentido con el abuelo (muchas veces divertidas), el que extraña verte bailar a la menor provocación, reacción que daba cuenta de tu entusiasmo por vivir, por divertirte y aprovechar el tiempo en este mundo.
Te escribe ahora un hombre agradecido por tus cuidados, tus historias que ahora sé de memoria porque las escuché durante 26 años; tu fuerza y tu ánimo que aún en los últimos días todavía dio para intentar cantar.
Abuela, gracias por haberme dado a una gran madre y como tú decías tras darme la bendición, que Dios Padre te bendiga siempre...
En memoria de doña Amparo López Ramírez.



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