La ‘fe’ de un católico distraído


Nace bajo la religión católica, pero el juicio, el análisis y la consciencia proveídos por la instrucción académica, hacen que continúe su camino sin ataduras propias de cualquier credo, este podría ser un católico distraído más. 


Por Sebastián Huerta Viurcos

Cree en la existencia de Dios, pero está a años luz de entrar a una iglesia cada domingo y más bien lo hace cada fin de año; se santigua (cercano a persignarse, o lo que es lo mismo hacer la señal de la cruz en modo turbo), no se sabe el orden de la misa, pero intuye que cuando todos se saludan (se dan la paz), el final está cerca.

De igual forma, cierra sus más profundos anhelos con un “primeramente Dios” e inicia el comentario de un logro obtenido con un “Gracias a Dios”, pero ve a los sacerdotes como simples mortales, se enerva con los casos de pederastia clerical y cuestiona la riqueza acumulada en las iglesias.

Para un católico distraído las grandes preguntas no son si ¿Jesús nació un 25 de diciembre?, si ¿la sábana santa realmente muestra el rostro del hijo de Dios?, o si ¿la Virgen de Guadalupe se apareció ante Juan Diego o fue un instrumento de la colonización?

Para este “creyente” lo que merece respuesta es ¿Por qué si promueven el celibato, el sexo con menores no es castigado y sí encubierto?, ¿por qué si el trabajo dignifica al hombre, el clero vive del diezmo? ¿A caso Dios exige que las iglesias y el Vaticano tengan base de mármol y abunden el oro y las maderas finas?

De acuerdo con un evangelio hallado en la comunidad egipcia de Nag Hammadi en 1945, que está constituido por 114 sentencias presuntamente dichas por Jesús en vida, para honrar a Dios no hacen falta templos.

El Evangelio de Tomás dice: “Levanta una piedra y ahí estaré, corta la rama de un árbol y ahí me encontrarás … pero no me busques en grandes templos ni en impresionantes construcciones, porque Dios se encuentra en todas partes, y donde me busques, ahí estaré”.

Por obvias razones este escrito no se considera dentro de la Biblia católica, pese a sus coincidencias con los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, pues estos evangelios canónicos sí dictan la generación de la religión y la edificación de lugares de reunión.

Cuestiones como el Evangelio de Tomás refuerzan la figura del católico distraído, sea apócrifo o no, plantea algo interesante.

Y si a esto aunamos que sea testigo de hechos tan reales como absurdos y después de un tiempo hasta graciosos, el resultado será un excelente católico distraído.

Por ejemplo, organizar la rifa de un auto cuyos fondos servirán para la construcción de la nueva casa de Dios en la comunidad suena bien, pero que el boleto ganador “haya sido adquirido por la virgencita”, y por ello el auto debe quedarse en la casa parroquial, suena a estafa.

Con la finalidad de honrar la memoria de un ser querido que partió, la gente acostumbra oficiar misas en su honor, la ceremonia deja de ser un acto de fe y se convierte en un gasto cuando…

– Serían $800 por la misa de su difuntito.

– ¡Pero hace un mes que murió nos dijeron que cobraban $500!

– ¡Ah bueno, es que cada sacerdote tiene sus tarifas!, sentenció Doña Ofelia, hermana del padre Agustín, sin despegar la mirada de su agenda de misas.

Y finalmente como el trabajo dignifica, “ven hermano, ayúdanos a pintar la fachada de nuestra parroquia”, el pago será la bendición del sacerdote que en la misa de fin de año redactó un manual de “cómo ser un buen católico”, el cual venía en un paquete que se vendió a la entrada de la iglesia y constaba de una canasta con 12 veladoras aromáticas, un borrego de peluche para la abundancia y una imagen de la santísima trinidad totalmente “gratis”.

En resumen, un católico distraído es lo que un chairo consciente en política, pero esa es otra historia…

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