Papá, maté al abuelo
Sabes que últimamente me cuesta mucho trabajo levantarme temprano para ir a la escuela.
Me lo puedo perdonar cualquier día, llegar a la primera o segunda clase qué más da… pero hoy esta regla no aplica, hoy tenía examen final a las 7:00 am y haciendo alarde de mi inconciencia, me levanté como si tuviera horas para llegar al examen, cuando sólo tenía 10 minutos, cuando, por lo regular hago una hora de camino.Ya en el camión empezaron a surgir imágenes de lo que podría decirle a la insensible maestra, que nunca falta.
El perro ya está muy choteado, un choque, ni lo mande Dios. Idea tras idea se iba desechando, hasta que llegué a la conclusión de que mataría a tu padre, nada original, pero de cualquier forma tendría que echar mano de mi capacidad actoral.
-Ya estaba apunto de salir cuando sonó el teléfono, era mi tía Raquel, pidió hablar con mi papá, fui a su recamara, le dije y bajé las escaleras detrás de él.
Cuando tomó la bocina quedó de frente a mí y vi cómo cambió su semblante de un momento a otro y a la vez una lágrima recorrió su rostro. Sí, justo frente a mí se derrumbaba el hombre que me tuvo entre sus brazos, el hombre que me decía qué estaba bien y que estaba mal, el hombre que faltaba al trabajo para estar conmigo en algún evento importante de la escuela, el hombre que me escuchaba cuando yo tenía algo que decir, el hombre que me consolaba cuando algo me ponía mal, y eso, eso ahora me tocaba a mi.
Esa es la razón por la que no llegué al examen maestra, en la madrugada mi abuelo murió-
A una calle de la escuela, pensé: no ésta no se la va a creer y regresó a mi mente el choque, tardé en lo que me revisaban que estuviera bien, pero qué tal que de regreso si chocaba. No, mejor mató al abuelo…
Después de todo un hombre que te abandonó a los tres años, ese hombre que sólo se hizo presente en las carencias de tu vida, no merece ninguna consideración.
Es por eso que un día ninguno de mis hijos pensará en desearte siquiera un accidente, simplemente tú no lo mereces…
Ah, si preguntas por el examen, pues no lo hice, la maestra es una desgraciada insensible, su padre aún no muere, pero de una cosa estoy seguro, no tiene madre.
En memoria de doña Jacinta Hernández González.



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